Fases del cuidado:primeros pasos 

Asumimos la situación

Hija adulta cuidando de su madre dependienteEncontrarnos de un día para otro con la necesidad de cambiar nuestras vidas por el cuidado de un ser querido no es tarea fácil. Se entremezclan sentimientos difíciles de canalizar: por un lado la angustia de saber que la persona depende de nosotras, no puede hacer una vida como la que quizás habíamos soñado, hay limitaciones y replanteamientos sobre el futuro. De otra parte está el hecho de ser una misma la encargada de reajustar la vida para poder adaptarla a las nuevas necesidades de la otra persona. ¿Por qué a mi? ¿Y ahora qué hago?

No es una situación fácil de asimilar, sin embargo el día a día va poniendo las cosas en su sitio. No es malo sentir tristeza o frustración, es un paso normal para llegar a la normalización. Lo importante es saber que hay posibilidades de hacer las cosas mejor o peor, más fáciles o más difíciles.

Compartir los miedos, las dudas, pedir ayuda a la gente de nuestro entorno, aclarar dudas con profesionales, no aislarse,  organizarse e intentar encontrar la parte más positiva de todo lo sucedido son quizás pilares básicos para emprender el nuevo capitulo de nuestra vida.

Siempre hay circunstancias en la vida que en uno u otro momento nos hacen cambiar nuestros esquemas; cuanto más ágiles seamos al asimilar los cambios más rápido seremos capaces de ser felices con lo que tenemos.         

Conocimiento: buscamos datos

Cuando hablamos de una situación de dependencia  debemos tener en cuenta desde el inicio una buena planificación. Es importante anticipar posibles problemas, prever los recursos necesarios.

Es importante conocer:

  • El alcance de la enfermedad.
  • Las posibilidades terapéuticas.
  • La evolución  para poder adaptarnos a la nueva realidad.
  • Los recursos sociales de que disponemos par recibir apoyos personales, y económicos nos va a servir de gran ayuda

Para ello es importante tener profesionales de referencia y grupos de apoyo que nos puedan ir dando la información pertinente.

Así podemos ponernos en contacto con:

  • Centros de salud
  • Especialistas médicos
  • Psicólogo/as
  • Enfermero/as
  • Centros de servicios sociales
  • Asociaciones, fundaciones y organismos públicos que trabajan en este sentido.

También existe mucha bibliografía que trata sobre como afrontar este tipo de situaciones disponibles en bibliotecas y centros especializados.

Nos organizamos

Mujer adulta organizando tareasSabemos que la falta de tiempo real para dedicarnos a nuestro familiar es una obviedad, y más sabiendo que es fundamental que la vida de la cuidadora no se debe limitar exclusivamente a su función como tal, sino que, como ya hemos dicho debe tener espacios para amigos, familia, trabajo, etc.

Por eso es clave que nos pongamos unos objetivos claros hasta los que queramos llegar, no dejarlo a la improvisación. Hacer un plan de acción puede ayudarnos a repartir nuestro tiempo de manera eficaz. Eso nos da la posibilidad de saber el tiempo que requeriremos para cada una de las tareas propuestas, la importancia de cada una de ellas, las que podemos posponer, las que más nos cuestan, etc.

No siempre es necesario hacerlo todo, es mejor establecer momentos según la necesidad y las posibilidades. El nivel de compromiso depende de nuestra situación y debemos saber siempre hasta dónde podemos llegar, y  a partir de ahí comenzar a actuar.

Una vez más no debemos olvidarnos de saber hacer uso de los recursos que nos ofrece la comunidad y de las ayudas que nos pueden proporcionar las personas que tenemos a nuestro alrededor. Saber delegar y tomarnos los descansos oportunos.

Atención a las señales de alerta, ¿cuando debo de preocuparme lo que pasa como cuidadora?

Cuando ejercemos el papel de cuidadora y no atendemos a nuestras propias necesidades surgen una serie de problemas que no debemos descuidar si queremos que nuestro ser querido esté bien y nosotras también.

Así generalmente se dan una serie de señales de alerta que nos dicen que hay algo que no va bien, que necesitamos parar y recapacitar sobre nuestra tarea y sobre nuestra salud.

Las señales más frecuentes suelen ser:

  • Problemas de sueño
  • Pérdida de energía
  • Aislamiento
  • Dificultad para concentrarse
  • Menor interés por actividades y personas que anteriormente eran objeto de interés
  • Aumento o disminución del apetito 
  • Enfadarse fácilmente 
  • Cambios frecuentes de humor o de estado de ánimo
  • Depresión y/o nerviosismo
  • Descuidar a otras personas del entorno más cercano
  • Consumo excesivo de pastillas para dormir u otros medicamentos 

Debemos aprender a reconocer estas señales para poder saber cuando necesitamos parar y recargar energías. Es la única manera de ser realmente eficientes con los demás y con nosotras mismas.

Página creada:22/05/2008

Última actualización:02/06/2010

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