Trastornos de personalidad 

¿Qué son las neurosis y los trastornos de personalidad?

El concepto de personalidad se refiere al conjunto de características más o menos estables de la forma de ser de las personas, que les hace ser como son en sus pensamientos, sentimientos y comportamientos. Las personalidades y sus anomalías han despertado interés desde siempre. A lo largo de la historia se han intentado clasificar las personalidades normales y las personalidades patológicas, y se han buscado signos externos que permitieran predecir el comportamiento normal o anormal de las personas.

Se acepta hoy que la personalidad normal tiene dos tipos de componentes diferentes relacionados entre sí: temperamento y carácter. Los factores que conforman el temperamento son consecuencia de peculiaridades biológicas del individuo (la mayor parte de ellas impresas genéticamente); los factores que conforman el carácter son consecuencia de las experiencias acontecidas a lo largo de la vida, (de las cuales las de los primeros años tienen una importancia especial).

El conocimiento de la propia personalidad permite prever cómo se reaccionará ante determinadas circunstancias y proporciona un mayor control sobre la propia vida. Las personalidades normales, sean del tipo que sean, resultan más o menos flexibles y permiten al individuo adaptarse a las distintas situaciones y experiencias de la vida normal (aunque dependa de la personalidad de cada uno el encontrarse más o menos cómodo en cada una de estas situaciones o experiencias).

Se entiende que una persona tiene un Trastorno de la Personalidad cuando sus características de personalidad son tan rígidas y desadaptativas que le impiden amoldarse a muchas vivencias y situaciones normales de la vida, ente las cuales reacciona de una forma estereotipada que provoca siempre problemas específicos y previsibles (por ejemplo, sufre siempre decepciones en las relaciones personales, tiene dificultades laborales y sociales permanentes, etc.).

Cuatro áreas de la experiencia y de la conducta humana se suelen afectar de distinto modo en los Trastornos de Personalidad:

  • La afectiva (humor o estado de ánimo).
  • La del control de los impulsos (agresivos, sexuales, etc...).
  • La cognitiva (pensamientos).
  • La de las relaciones interpersonales.

La incapacidad para percibir a los demás y a uno mismo con suficiente objetividad, provoca problemas en las respuestas emocionales y en la interacción de los pacientes con Trastornos de la Personalidad y otras personas; estos problemas tienden a repetirse una y otra vez, sin que, con frecuencia, el paciente se de cuenta de que su conducta anómala es la causa principal de los problemas referidos. Habitualmente, por tanto, el paciente atribuye la causa de los problemas a los demás y pretende o espera que sean ellos únicamente los que cambien.

¿Qué tipos de Trastornos de la personalidad hay?

En el DSM-IV, se distinguen diez tipos de trastornos de personalidad, reunidos en tres grupos, por las similitudes de sus características:

Raros o excéntricos:

  • paranoide (desconfianza excesiva o injustificada, suspicacia, hipersensibilidad y restricción afectiva).
  • esquizoide (dificultad para establecer relaciones sociales, ausencia de sentimientos cálidos y tiernos, indiferencia a la aprobación o crítica).
  • esquizotípico (anormalidades de la percepción, del pensamiento, del lenguaje y de la conducta, que no llegan a reunir los criterios para la esquizofrenia).

Este grupo de trastornos se caracteriza por un patrón penetrante de cognición (por ej. sospecha), expresión (por ej. lenguaje extraño) y relación con otros (por ej. aislamiento) anormales.

Dramáticos, emotivos o inestables:

  • antisocial (conducta antisocial continua y crónica, en la que se violan los derechos de los demás, se presenta antes de los 15 años y persiste en la edad adulta).
  • límite (inestabilidad en el estado de ánimo, la identidad, la autoimagen y la conducta interpersonal).
  • histriónico (conducta teatral, reactiva y expresada intensamente, con relaciones interpersonales marcadas por la superficialidad, el egocentrismo, la hipocresía y la manipulación).
  • narcisista (sentimientos de importancia y grandiosidad, fantasías de éxito, necesidad exhibicionista de atención y admiración, explotación interpersonal).

Estos trastornos se caracterizan por un patrón penetrante de violación de las normas sociales (por ej. comportamiento criminal), comportamiento impulsivo, emotividad excesiva y grandiosidad. Presenta con frecuencia acting-out (exteriorización de sus rasgos), llevando a rabietas, comportamiento auto-abusivo y arranques de rabia.

Ansiosos o temerosos:

  • evitativo (hipersensibilidad al rechazo, la humillación o la vergüenza; retraimiento social a pesar del deseo de afecto, y baja autoestima).
  • dependiente (pasividad para que los demás asuman las responsabilidades y decisiones propias, subordinación e incapacidad para valerse solo, falta de confianza en sí mismo).
  • obsesivo-compulsivo (perfeccionismo, obstinación, indecisión, excesiva devoción al trabajo y al rendimiento; dificultad para expresar emociones cálidas y tiernas).

Este grupo se caracteriza por un patrón penetrante de temores anormales, incluyendo relaciones sociales, separación y necesidad de control.

Además de estos diez trastornos, el DSM-IV-TR propone otras dos categorías diagnósticas para su posible inclusión en futuras revisiones: el trastorno depresivo de la personalidad y el trastorno pasivo-agresivo (negativista) de la personalidad.

¿Qué es el Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad?

La persona que padece un Trastorno Obsesivo Compulsivo de la Personalidad suele estar excesivamente preocupada por nimiedades y es muy perfeccionista y controladora. Su preocupación por las reglas, el orden y la organización le llevan con frecuencia a olvidar lo prioritario; el exceso de perfeccionismo le impide dar por concluida una tarea porque siempre detecta nuevos fallos, o porque el proceso de elaboración es tan ordenado que se alarga indefinidamente hasta el punto de no acabar nunca los trabajos. De hecho, la persona que presenta este trastorno suele considerarse muy trabajadora, tanto que puede no tener tiempo para dedicárselo a sus amistades, familia o para el ocio. Esta rigidez se manifiesta también en sus creencias de orden moral o éticas, en las que frecuentemente las formas tienen más importancia que el fondo. También le resulta difícil desprenderse de objetos del pasado por inútiles que sean (periódicos viejos, bolígrafos acabados, etc.); éste conservacionismo en el terreno económico se traduce con bastante frecuencia en tacañería. Además, no se mostrará muy dispuesta a aceptar ayuda en momentos de dificultad, a no ser que ésta sea prestada en las rígidas condiciones que él exige.

Ciertos rasgos obsesivo-compulsivos son ubicuos en todo el mundo. De hecho, en determinadas circunstancias es necesario proceder de "forma obsesiva", pues de otro modo no podríamos planificar trabajos, respetar la ley, etc. Son la rigidez y la imposibilidad de cambiar de punto de vista (que llevan a reaccionar de la misma manera, por ejemplo, ante un trabajo que ante las peticiones de un ser querido o el disfrute de un bello paisaje) las que los convierten en un Trastorno de Personalidad.

¿Qué es el Trastorno dependiente de personalidad?

Para la persona que padece este tipo de trastorno de personalidad tomar sola cualquier decisión supone una angustia considerable, por lo cual delega todas las decisiones importantes de su vida y deja que sean otros quienes decidan por ella. De este modo, depende siempre de alguien y muestra un carácter de alguna forma infantil. Para estas personas es imposible vivir solas, lo que les lleva con frecuencia a aceptar relaciones abusivas en las que toleran cualquier cosa con tal de no tener que enfrentarse a la soledad y a tomar decisiones propias; nunca expresan desacuerdo y por evitar enfrentamientos pueden verse forzados a hacer cosas que no quieren o les perjudican claramente. Además de no tomar decisiones, huyen de cualquier responsabilidad, no comienzan nada nuevo por sí solos y les resulta imposible vivir sin pareja, por lo que tras una ruptura enseguida comienzan de nuevo la búsqueda de otra persona de la que depender.

Al igual que en el caso anterior, todo el mundo siente necesidades ocasionales de dependencia, que contribuyen a fortalecer lazos de unión y conllevan vivencias des apoyo, de cariño compartido etc. Lo patológico reside igualmente en la incapacidad de reaccionar de otra forma, y en la limitación que para la vida personal provoca este tipo de trastorno de personalidad.

¿Cuáles son los Trastornos evitativos (o evitación social) de personalidad?

Las personas con este trastorno son muy tímidas, y muy sensibles al rechazo y a la crítica. Tienden a evitar cualquier situación nueva, así como actos sociales, y encuentran múltiples excusas para no acudir a reuniones o incluso a su lugar de trabajo.

Pueden dejar escapar posibilidades de ascensos en su trabajo por miedo a tener que verse con gente nueva. Esto crea mucha insatisfacción a la persona que lo padece que necesita contacto humano y le gustaría poder desenvolverse socialmente con soltura, pero está atenazado por el temor a que los demás le juzguen tan duramente como él mismo se juzga. Con frecuencia estos trastornos se asocian, por ejemplo, a disfunciones sexuales causadas por la ansiedad del encuentro sexual, o a abuso alcohólico para facilitar su difícil socialización.

Trastorno histriónico de personalidad

Lo que caracteriza a estos pacientes es una actitud seductora indiscriminada y superficial y la intención de ser siempre el centro de atención de los demás (para ello despliega una gran teatralidad, por ejemplo, en la forma de vestir o de arreglarse, o lleva a cabo conductas provocativas o inadecuadas que, con frecuencia, provocan malentendidos, muchas veces de índole sexual. Se observa también una persona enamoradiza, cambiante y sugestionable, con dificultad para profundizar en las relaciones personales.

Al igual que sucede con el resto de trastornos de la personalidad, muchos rasgos propios de éste trastorno se dan con una intensidad menor en personas normales, dado el importante papel que la seducción juega en todas las relaciones humanas. Este trastorno se diagnostica más en mujeres y las conductas propias del mismo resultan, a veces, como una "caricatura" distorsionada de rol social tradicional que se atribuye a las mujeres en muchas sociedades. El rol social tradicional masculino impone en muchas sociedades otro tipo de comportamientos cuya "caricatura" distorsionada podría verse en algunos rasgos del trastorno de la personalidad obsesivo-compulsivo o el antisocial.

Trastorno narcisista de personalidad

La característica de este trastorno es una autoimagen muy sobrevalorada, y un sentimiento de importancia desmesurado que le lleva a infravalorar a los demás, a los que llega a tratar solo en función de la admiración personal que pueden reconocer y expresar al paciente; como es natural el narcisista es extremadamente intolerante a la crítica que, tarde o temprano, siempre le llega. Tiende a usar a la gente que tiene a su alrededor para sus propios fines y es incapaz de reconocer los sentimientos y las necesidades de los demás. Además de arrogante, la persona narcisista suele ser también envidiosa y le ofenden los méritos y los bienes de los demás.

Una vez más el Trastorno Narcisista de la Personalidad va mucho más allá del sentimiento sano y razonable de autoconfianza y orgullo de uno mismo para definir un patrón de comportamiento que inevitablemente lleva a la persona y a sus allegados a la soledad y al sufrimiento.

Trastorno límite o hiperemocional de la personalidad

Las características de este trastorno de la personalidad son la inestabilidad de las emociones y de la autoimagen, las relaciones sentimentales caóticas, intensas y llenas de altibajos, y la lucha desesperada contra vivencias crónicas de soledad y abandono insoportables. Estos pacientes desarrollan con frecuencia conductas autodestructivas (como intentos de suicidio y autolesiones en forma de cortes, quemaduras, etc. que se producen en momentos de gran angustia). Su estado de ánimo es variable, unas veces están tristes, otras enfadados (y presentan, en ocasiones, ataques de rabia descontrolados), otras con intensos sentimientos de vacío; menos veces están equilibrados y contentos. Además son muy impulsivos por lo que no es raro que coexistan otros trastornos psiquiátricos como bulimia, abuso de sustancias, ludopatía y otros trastornos del control de los impulsos.

Trastorno paranoide de la personalidad

La conducta propia de este trastorno esta dominada por la suspicacia y el recelo. Son personas capaces de encontrarle a todo un doble sentido en el que encuentran siempre la intención de perjudicarles de los demás. Por ello son pacientes muy críticos con los conocidos a los que tienden a culpar, a la vez que son incapaces de aceptar sus propios errores y mal intenciones. Muy característicos de este trastorno son los celos anómalos, que llevan a sospechar de cualquier comportamiento de su pareja, y a encontrar en cualquier nimiedad la confirmación de sus sospechas. Por este motivo la convivencia de pareja o familiar o el trato de allegado, puede llegar a ser muy difícil con estas personas (cualquier gesto o comportamiento tiende a ser malinterpretado como señal de que se está contra ellos).

Trastorno antisocial de personalidad

Este diagnóstico se hace más en varones y se caracteriza por un comportamiento irresponsable que se desentiende de los derechos de los demás, de las normas o de la ley. Estas personas comienzan generalmente con alteraciones de conducta en la infancia (faltas de respeto a la autoridad, trasgresión de normas, destrucción de propiedades y violencia hacia otras personas o animales). De adultos continúan con comportamientos delictivos (que no siempre resultan explícitos), violencia, abuso de sustancias, etc. En el trato interpersonal tienden a manipular a las personas y son incapaces de experimentar culpa y remordimiento.

Trastorno esquizoide de personalidad

Lo que caracteriza a estas personas es que no buscan, ni parecen necesitar, el contacto con la gente; quieren estar siempre solos y sus actividades y aficiones tienden siempre a desarrollarse en una llamativa soledad. Al contrario que en el trastorno evitativo de la personalidad (en el cual el individuo sufre por su incapacidad para relacionarse con los demás), en el trastorno esquizoide la incomunicación no causa frustración personal. Cuando se comunica con otros llama la atención que nunca expresa sentimientos, ni parece conmoverse con las cosas que suelen gustar a la gente. Rehuye no solo los contactos sociales, sino también las amistades, las relaciones de pareja, etc.

En resumen la persona con un trastorno esquizoide de la personalidad se siente y está llamativamente y voluntariamente sola.

Trastorno esquizotípico de personalidad

Este trastorno se caracteriza también por las conductas sistemáticamente solitarias que caracterizan al trastorno esquizoide a las que se añaden otras que les conducen a ser descritos como "raros" (una extraña apariencia o forma de vestir, conversación habitual centrada en filosofías marginales o extravagantes, misticismo, ocultismo, etc.). Se trata de personas que además tienen tendencia a sufrir experiencias anormales (como comunicarse con los muertos, sentir "presencias", etc.) y a percibir que las cosas suceden por algo que se refiere siempre a ellos (mensajes ocultos, dobles sentidos, etc.).

¿Qué tipos de tratamiento hay?

El tratamiento de los trastornos de personalidad es principalmente psicoterapéutico, en cualquiera de sus variedades, aunque en ocasiones puede ser necesario añadir tratamiento farmacológico sobre todo cuando, como es frecuente, se complican con otros trastornos psiquiátricos como depresión, por ansiedad, etc. Estas personas a veces tienen ansiedad y depresión, que esperan aliviar con fármacos. Sin embargo, la ansiedad y la depresión que resultan de un trastorno de la personalidad son raramente aliviadas con fármacos de modo satisfactorio y tales síntomas pueden indicar que la persona está realizando algún autoexamen saludable. Más aún, la terapia farmacológica se complica frecuentemente por el mal uso de los fármacos o por los intentos de suicidio. Si la persona padece otro trastorno psiquiátrico, como depresión mayor, fobia o trastorno por pánico, la toma de medicamentos puede resultar adecuada, aunque posiblemente producirán sólo un alivio limitado.

Aunque los tratamientos difieren de acuerdo con el tipo de trastorno de la personalidad, algunos principios generales se pueden aplicar a todos. La mayor parte de las personas con un trastorno de la personalidad no sienten la necesidad de tratamiento y, probablemente por esta razón, suelen acudir a la consulta acompañada de otra persona. Generalmente el paciente puede responder al apoyo que se le presta, pero suele mantenerse firme en cuanto a los patrones de pensamiento y de comportamiento propios de su desadaptación. Generalmente, el apoyo es más eficaz cuando intervienen en él otros pacientes o un psicoterapeuta.

Resulta útil y a menudo esencial la implicación de la familia de la persona afectada, puesto que la presión del grupo puede ser eficaz. Las terapias de grupo y familiares, vivir en grupo en residencias especializadas y la participación en clubes sociales terapéuticos o en grupos de autoayuda pueden ser útiles.

El cambiar una personalidad requiere mucho tiempo. Ningún tratamiento puede curar con éxito un trastorno de la personalidad, a corto plazo, pero ciertos cambios pueden conseguirse más rápidamente que otros. La temeridad, el aislamiento social,,  la ausencia de autoafirmación o los exabruptos temperamentales pueden responder a la terapia de modificación de la conducta. Sin embargo, la psicoterapia a largo plazo (terapia hablada), con el objetivo de ayudar a la persona a comprender las causas de su ansiedad y a reconocer su comportamiento desadaptado, es la clave de la mayoría de los tratamientos. Algunos tipos de trastornos de personalidad, como el narcisista o el obsesivo-compulsivo, pueden tratarse mejor con el psicoanálisis. Otros, como los tipos antisocial o paranoide, raramente responden a una terapia.

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