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¿Hasta dónde ha llegado la sociedad? 

La experiencia aportada por otros países muestra cómo la presión ejercida por los diversos colectivos sanitarios y ciudadanos, así como las dimensiones crecientes de la epidemia del tabaco, obligan a los gobiernos a introducir algunos elementos de control referidos al producto, su elaboración, comercialización y consumo.

En la actualidad, y a lo largo de la última década del siglo XX, el activismo sanitario y social en relación al tabaquismo se centra no sólo en conseguir la aplicación de todas y cada una de las medidas eficaces que aún no han sido adoptadas por los gobiernos de los países industrializados, sino también en denunciar la irresponsable actitud de algunos de ellos al facilitar la exportación masiva de tabaco a los países en vías de desarrollo.

Es indudable que esta evolución histórica no hubiera sido posible sin la implicación decidida de los colectivos médicos que —a la vista de los efectos del tabaquismo— fueron los primeros en dejar de fumar, a la vez que informaban a la opinión pública sobre las dimensiones de la epidemia y exigían a sus respectivos gobiernos la adopción de políticas multisectoriales de control del problema. Ésta ha sido pues una historia protagonizada inicialmente por los médicos y otros profesionales de la salud y significa una de las aportaciones más valiosas que los trabajadores sanitarios han realizado para la mejora de la salud de la población durante todo el siglo XX. Sin embargo, su esfuerzo no habría calado en la realidad social de todos los países donde ha disminuido sensiblemente el consumo de tabaco durante los últimos años, si no se hubiera producido la incorporación activa de otros colectivos sociales como son los profesionales de la información y de la educación, los grupos para la defensa de los consumidores y del medio ambiente, etcétera.

Nuevamente la situación española es distinta también en lo referido al uso de tabaco por parte de los médicos y otros colectivos. Si se comparan con sus colegas europeos, los españoles han sido los últimos en cambiar su conducta en relación a esta droga. Sin embargo, en los últimos diez años existe un positivo descenso del consumo entre estos profesionales. Este hecho ha sido confirmado por numerosos estudios realizados desde los años ochenta hasta hoy, que muestran un rápido descenso del consumo de tabaco entre los médicos, superior al observado en la población general.

Al mismo tiempo, los médicos españoles han reconocido la necesidad de ofrecer un consejo sistemático a sus pacientes para ayudarles a dejar el hábito. Sin embargo, la aplicación práctica de estas técnicas de apoyo continúa siendo un reto de futuro. Y tal vez se consiga a medida que vayan siendo más los pacientes que soliciten este tipo de apoyo.

Otro elemento esperanzador, que confirma cómo los profesionales sanitarios españoles asumen su capacidad de liderazgo social en el control del tabaco, es la reciente constitución en España de un Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT), a iniciativa de diez sociedades científicas de ámbito nacional que representan a un colectivo de más de veinte mil profesionales de la salud, mayoritariamente médicos y enfermeros. Sus objetivos son orientar el debate social sobre este problema, facilitar información veraz a la opinión pública sobre la gravedad del tabaquismo y sugerir pautas de actuación política que permitan avanzar hacia su control. Además, el CNPT pretende denunciar la frivolidad con que este tema ha sido abordado durante muchos años en España e intenta que la sociedad le conceda el grado de prioridad que debería tener. Un signo de la nueva orientación del sector sanitario español en este campo es la solicitud que el CNPT ha hecho llegar al Gobierno para que apruebe una ley de prohibición total de la publicidad directa e indirecta del tabaco. Es de esperar que todos estos avances se consoliden a medida que la opinión pública española tenga más elementos para analizar el problema y pueda exigir medidas concretas para su resolución.

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