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Dimensiones epidémicas 

La falta de información pública respecto a las graves consecuencias derivadas de este consumo supuso una importante ventaja para la industria tabaquera, ya que, al no existir en la sociedad ningún elemento crítico que alertara a la opinión pública sobre la magnitud del problema, pudo expandir su mercado durante varias décadas. Pero la ignorancia sobre un tema que afecta a miles de personas no puede durar eternamente. Ya no es posible negar sus efectos nocivos para la salud humana, tras las evidencias aportadas por treinta años de investigación independiente en todo el mundo que identifican el consumo de tabaco como la principal causa aislada de enfermedad y muerte prematura.

Según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco es el responsable directo del 90% de la mortalidad por cáncer de pulmón, tráquea y bronquios; del 75% de los fallecimientos debidos a bronquitis, enfisema y asma; y del 30% por infarto de miocardio, que se registra en los países desarrollados.

Mortalidad

Así, debido al importante incremento del número de personas fumadoras durante la primera mitad de este siglo, la mortalidad ocasionada por el tabaquismo en estos países ha pasado de 500.000 muertes en 1955 a 900.000 en 1965, 1.300.000 en 1975, 1.700.000 en 1985, hasta alcanzar la cifra de 2.100.000 defunciones en 1995. Si se tiene en cuenta el conjunto de países desarrollados y en vías de crecimiento, el consumo de tabaco está provocando, ya en estos momentos, casi tres millones de muertes cada año en el mundo, de las cuales dos millones se producen en los países industrializados (figura1 )

Si no se consigue invertir la tendencia actual, la cifra de víctimas pasará a ser de diez millones en los próximos 30-40 años, cuando los adolescentes fumadores de hoy alcancen la madurez.

Solamente durante la década de los noventa, seis millones de personas habrán muerto en los países de la Unión Europea a consecuencia del consumo de tabaco, lo cual equivale a que cada día se estrellaran en el espacio aéreo europeo seis DC-10 con 250 pasajeros a bordo, sin que quedara ningún superviviente. Más de la mitad de estas defunciones se producen en sujetos de edades comprendidas entre los 35 y los 69 años, que pierden una media de 23 años de vida.

En España

En el caso de España, si se analizan las causas de muerte más asociadas a esta droga (infarto de miocardio, bronquitis, enfisema y cáncer de tráquea, bronquios y pulmón, entre otras), el número de personas que fallecen anualmente como consecuencia del tabaquismo es de más de 46.000. De ellas, la mayoría son hombres y un número creciente cada año, mujeres. (figura2)

Si se compara el alcance actual (década de los noventa) del tabaquismo con el de hace diez años, se observa en España un incremento del 18% en el número de muertes por esta razón, aumento que es sensiblemente mayor en las mujeres (114%) que en los hombres (15%).

El tabaco es, sin duda, la principal causa aislada —y evitable— de mortalidad en España, con el agravante de que, por ahora, se trata de un problema de dimensiones crecientes.

Si se coteja la cantidad de muertes que produce con las originadas por otras causas graves como los accidentes de tráfico, el consumo de otras drogas, el sida o los accidentes laborales, la magnitud de este vicio es aún más clara (figura3)

Los datos españoles concuerdan con los aportados por la Organización Mundial de la Salud, que desde los años sesenta viene alertando a los distintos gobiernos del mundo para que adopten medidas legislativas, económicas, educativas y de apoyo a fumadores, que se han demostrado eficaces para paliar esta situación.

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