Artrosis vertebral 

La artrosis es una enfermedad conocida hace muchos años y que no afecta solamente al hombre. Se han encontrado cambios artrósicos en articulaciones de todo tipo de animales, especialmente en mamíferos.

Existen restos de huesos con cambios artrósicos en fósiles de dinosaurios gigantes que vivieron hace 100 millones de años. Aunque se puede encontrar artrosis en mamíferos y animales de todo tamaño, los animales con más artrosis de todo el reino animal son los cetáceos (ballenas y cachalotes).

Parece ser que hay un factor genético o hereditario que predispone a la artrosis, que influye tanto a nivel local, afectando a la forma o resistencia del hueso en las articulaciones, como a nivel generalizado haciendo que el hueso o cartílago sea más sensible a los cambios artrósicos. Es conocida la facilidad con que los perros pastores alemanes desarrollan artrosis de cadera debido a la alteración en la forma de los huesos que forman dichas caderas.

Los hallazgos que se han encontrado en las columnas artrósicas han sido múltiples. El núcleo pulposo que forma parte del disco intervertebral se fisura y se deforma. El cartílago, que cubre al hueso y permite su deslizamiento sin rozamiento, se desintegra desapareciendo completamente en algunas áreas. El hueso que se encuentra debajo de este cartílago se endurece y deforma. Surgen unas prolongaciones óseas desde los bordes de las vértebras que se denominan osteofitos o picos de loro que, cuando son muy grandes, unen unas vértebras a otras impidiendo el movimiento entre dichas vértebras, provocando una gran rigidez.

Por otra parte, estas prolongaciones duras que surgen de las vértebras pueden comprimir la médula espinal o las raíces nerviosas provocando dolor a veces muy severo que se acompaña de debilidad muscular, hormigueo o falta de sensibilidad.

Cuando esta especie de reborde que surge del hueso estrecha los orificios por donde pasan las arterias, la sangre pasa con dificultad y puede dar lugar a cuadros como el Síndrome de Barre-Lieou, que origina cuadros de mareos, vértigo e incluso pérdida de consciencia por la falta de riego cerebral.

Tipos de artrosis

La artrosis puede ser dividida en dos tipos. Un tipo llamada primaria, en la que no se encuentra una justificación para la aparición de dichos cambios artrósicos pero se cree que es debida a un problema genético o hereditario, que hace que se produzca un envejecimiento o una degeneración de las articulaciones de forma muy temprana.

El otro tipo de artrosis es la secundaria, que es aquella que se produce después de haber sufrido otros problemas como son los traumáticos, es el caso de artrosis tras fracturas, dislocaciones que producen alteraciones del eje de los huesos o deformidades en las articulaciones.

También son artrosis secundarias aquéllas producidas por sobrecarga, como las de determinadas profesiones que requieren grandes esfuerzos o posturas mantenidas durante mucho tiempo.

Factores predisponentes

Existen unos factores que influyen en la aparición, así como en la evolución, de la artrosis.

La edad

La edad es un factor que influye claramente en la aparición de artrosis, bien porque supone una sobrecarga acumulada de las articulaciones a lo largo de los años, bien porque en edades avanzadas ya existen alteraciones en el cartílago y en el hueso que hacen que estos dos tejidos estén más predispuesto a la artrosis.

La obesidad

Otro factor importante es la obesidad. El peso excesivo supone una sobrecarga de las articulaciones que favorece los cambios degenerativos. Se ha demostrado que es más frecuente la aparición de artrosis en rodillas o en la columna en personas obesas.

Síntomas de la artrosis

Los síntomas más habituales en los pacientes artrósicos son el dolor, la deformidad y la disminución de la movilidad de las articulaciones que se ven afectadas.

El dolor artrósico

El dolor a veces no está en relación con el grado de afectación que se ve en la radiografía, en ocasiones se ven pacientes con radiografías de columna cervical con artrosis muy grandes y que apenas se quejan de dolor. Sin embargo, en otras ocasiones el paciente sufre de fuertes dolores y en la radiografía apenas se ven cambios artrósicos.

El dolor de la artrosis suele ser más intenso cuando se carga o se mueve la articulación enferma, aliviándose en parte con el reposo. En casos de artrosis muy avanzadas, este dolor puede aparecer con movimientos mínimos e incluso en reposo, impidiendo dormir por la noche. Este dolor procede del desgaste de las articulaciones, de la inflamación de los tejidos que las rodean y en muchos casos se ve aumentado por la contractura muscular asociada. El clima parece influir sobre los brotes de empeoramiento de la artrosis. El dolor debido a la artrosis suele ser difuso, vago, no se puede localizar en un punto determinado.

Es distinto al dolor que se origina cuando la vértebra artrósica pinza un nervio, ya que en este caso, el dolor está mucho más localizado.

El dolor se extenderá a lo largo del brazo si el problema es en la columna cervical, esto es a lo que se llama cervicobraquialgia; a lo largo de las costillas si el problema está en la columna dorsal; dorsalgia con irradiación intercostal o a lo largo de las piernas si el problema está en la columna lumbar, esta irradiación se denomina ciática o ciatalgia porque sigue el trayecto del nervio ciático que se extiende desde su origen en la columna lumbar hasta el pie, dando la fuerza y la sensibilidad a todo el miembro inferior.

Rigidez y contractura

Otro de los síntomas que puede aparecer es la rigidez o dificultad para mover el cuello o la cintura. Se suele producir más en la mañana y sobre todo al levantarse de la cama. La rigidez suele durar unos 15 minutos y luego va cediendo con el ejercicio.

Cuando el paciente está sentado o en reposo mucho tiempo, también le puede costar mover las articulaciones al inicio de la actividad nuevamente.

La palpación de las vértebras puede ser dolorosa y con frecuencia hay una contractura muscular que se manifiesta porque el músculo contracturado se hace más duro y abultado, esto es muy frecuente en el músculo trapecio que se extiende desde el cuello al hombro por detrás de la clavícula o en la musculatura lumbar en la parte baja de la espalda.

Otros síntomas

Cuando el pinzamiento de los nervios es suficientemente grande, se produce una lesión del nervio que se traduce en una pérdida de fuerza. Si el problema es en la columna cervical, el paciente empieza a notar que se le caen las cosas de la mano o que no es capaz de abrir botes. Cuando el problema es a nivel lumbar, la debilidad afecta a las piernas del paciente. El enfermo puede tener fallos articulares en las piernas, cayéndose al suelo, no siendo capaz de ponerse de puntillas o no pudiendo levantar el pie, lo que ocasiona que se tropiece con facilidad.

Otro de los problemas del pinzamiento puede ser la aparición de hormigueo o acorchamiento que abarcara a diferentes zonas dependiendo del nervio afectado.

Problemas añadidos son la ausencia de reflejos y la falta de sensibilidad pudiendo tener quemaduras por tocar objetos excesivamente calientes sin notar dolor alguno.

Un cuadro muy frecuente es el llamado estenosis del canal lumbar en el que el paciente se queja de dolor en las piernas cuando hace ejercicio o camina, dicho dolor desparece tras hacer reposo durante unos minutos. El dolor se acentúa cuando el tronco se echa hacia atrás, mejorando cuando se flexiona hacia adelante.

Diagnóstico de la artrosis

La artrosis no da ninguna alteración en las analíticas de sangre y orina. El medio diagnóstico por excelencia es la radiografía simple de la columna. Los signos típicos de la artrosis en las radiografías son el estrechamiento del espacio entre vértebra y vértebra, donde se sitúa el disco, y de la distancia entre pequeñas articulaciones en la parte de atrás de las vértebras. Otro signo es que el hueso se vuelve más denso, viéndose de un color más blanco en la radiografía.

Muy característico de la artrosis es la formación de unas prolongaciones en los bordes del hueso, como si fuesen una rebaba, llamadas osteofitos marginales.

A veces también se pueden ver quistes en el interior del hueso.

Tratamiento del dolor de espalda por lesiones artrósicas

El número de pacientes que sufren artrosis de la columna vertebral y especialmente de la columna lumbar, se ha ido incrementando de modo progresivo, de tal modo que se cree que aproximadamente un 4% de la población sufrirá una operación de la columna lumbar en su vida. A pesar de ello, la mayoría de los problemas de espalda se pueden resolver con tratamientos no quirúrgicos.

Hay que tener en cuenta que la artrosis lumbar es la causa más frecuente de incapacidad en personas menores de 45 años.

Intervenciones quirúrgicas

La frecuencia de intervenciones por artrosis es muy variable de unos países a otros. Por ejemplo, la cifra de intervenciones de la columna en Estados Unidos es un 40% más frecuente que en el resto de los países y unas cinco veces mayor que en Inglaterra.

La intervención más frecuentemente utilizada en la cirugía de la columna es la realizada para curar la hernia de disco.

Pero existen otras enfermedades de la columna que se están empezando a operar con mucha más frecuencia a medida que los medios técnicos van avanzando.

Operación en caso de estenosis del canal lumbar

Una de estas enfermedades es la estenosis del canal lumbar debida a la artrosis.

Estos enfermos se quejan de dolor en la región lumbar y en los muslos, sobre todo cuando caminan, obligándoles dicho dolor a pararse. Tras unos minutos de reposo, el dolor disminuye o desaparece y el paciente puede volver a caminar otros cientos de metros. Estos pacientes toleran mal la posición erguida y sienten alivio cuando se inclinan hacia adelante.

La causa de este problema es una estrechez del canal medular por donde van a pasar todos los nervios que forman la cola de caballo.

El tratamiento del problema consiste en liberar la parte de atrás de la columna quitando una gran parte del hueso. Cuando se quita una gran cantidad de hueso se puede quedar la columna inestable.

En estos casos, y para evitar esa falta de sujeción entre las vértebras al faltar hueso, se les tiene que hacer una fusión vertebral, uniendo una vértebra a otra con un injerto de hueso y un sistema de tornillos y barras metálicas que solidariza las vértebras que se requieran fusionar, moviéndose todas ellas en un bloque.

Operación en caso de espondilolistesis

Un sistema similar se emplea cuando el cuadro artrósico origina algo llamado una espondilolistesis.

En este caso, las vértebras que en condiciones normales están perfectamente colocadas y alineadas unas encima de las otras, empiezan a moverse las unas sobre las otras, descolocándose por deslizamiento. Este fenómeno se suele dar entre la cuarta y quinta vértebras lumbares y entre la quinta lumbar y la primera sacra.

Para evitar que el desplazamiento sea cada vez mayor y origine dolores importantes, en ocasiones hay que unir las vértebras colocando un injerto de hueso que se pega a las dos vértebras formando un bloque. Hasta que ese bloque se forme, la columna se fija con un sistema de fijación intervertebral con tornillos o ganchos que, conectados a unas barras, forman una especie de andamiaje en forma de marco, que solidariza unas vértebras a las otras.

No todas las espondilolistesis se tienen que intervenir, la mayoría de los casos se pueden resolver de modo conservador y solamente aquellos casos en que el desplazamiento es gradual se deben operar.

Un tratamiento similar se debe hacer cuando la artrosis origina una escoliosis o desviación de columna.

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