Otitis
Descripción
Otitis externa o de las piscinas:
Es una infección de la piel y/o epidermis del conducto auditivo externo, producido, más frecuentemente, por la Pseudomona aeruginosa. . Si las infecciones son recidivantes o recurrentes hay que sospechar que exista un problema dermatológico e incluso una diabetes mellitus no diagnosticadas previamente.
Otitis externa maligna o necrosante:
Es una infección muy grave y a veces mortal. Se inicia en la porción cartilaginosa y ósea del CAE (conducto auditivo externo) extendiéndose posteriormente al cráneo. Es más frecuente en pacientes inmunodeprimidos, ancianos y diabéticos.
Hay que sospechar una otitis externa maligna en toda otitis de un paciente diabético en la que se encuentre un gran tejido de granulación en el conducto auditivo, otalgia (dolor de oído) muy intensa, aumento de la velocidad de sedimentación o afectación de los pares craneales.
Su tratamiento de elección es el antibiótico ciprofloxacino a altas dosis por vía oral durante 6-8 semanas. Podemos dar también gotas óticas antipseudomonas. La cirugía se emplea sólo para el desbridamiento y la biopsia de la lesión para su diagnóstico.
Otomicosis:
Colonización del conducto auditivo externo por hongos. Un ambiente húmedo y caliente favorece el crecimiento de los hongos.
Otitis media aguda:
Es una infección de la “caja del tímpano” u oído medio, generalmente asociada a infecciones del tracto respiratorio superior que producen un edema y cierre de la trompa de Eustaquio y provocan una aspiración de gérmenes de la nasofaringe al oído.

Síntomas:
Otitis externa:
La clínica más frecuente es otalgia con un “trago” doloroso (duele al tocar el relieve cartilaginoso que hay por delante de la entrada del conducto auditivo externo) y dolor cuando el paciente mastica. El paciente refiere sensación de taponamiento con disminución de la audición leve debido al edema del conducto auditivo externo. La otorrea o secreción que se produce es escasa y generalmente serosa o seropurulenta. Es raro la existencia de adenopatías (ganglios) cervicales.
Otitis externa maligna:
Resulta más dolorosa que la otitis externa simple y se acompaña de una otorrea (secreción) que va disminuyendo a medida que progresa la otitis. Evoluciona afectando los distintos pares craneales siendo el primero el nervio facial y pudiendo afectar al IX, X, XI, XII., con distintos síntoma neurológicos. Es rara la afectación del V y VI par.
Otomicosis:
El paciente con este tipo de infección en el conducto auditivo externo, presenta un picor intenso producido por la colonización pura por hongos (suele resultar más leve si se trata una otitis secundaria por sobreinfección bacteriana).
Otitis media aguda:
El paciente tiene mucho dolor que cede si se produce una perforación espontánea del tímpano, y se evacua por el oído una supuración purulenta. Puede existir sensación de taponamiento y raramente hipoacusia o disminución de la audición. Sólo en otitis graves y no tratadas se produce una parálisis facial.
En los niños pequeños, sobre todo lactantes, los síntomas generales (fiebre, malestar, rechazo de la alimentación, etc.) son más manifiestos, mientras que puede no existir otalgia y la presión del trago ser negativa (indolora).

¿Qué le preguntará su médico?:
Otitis externa:
El germen que se aisla con mayor frecuencia es la Pseudomona aeruginosa.
La humedad y el calor local, junto con un rascado y maceración de la piel, facilitan su colonización.
Otitis externa maligna o necrosante:
El germen que se aisla con mayor frecuencia es la Pseudomona aeruginosa
Otomicosis:
Los hongos más frecuentemente aislados son el Aspergillus seguido de la Candida.
Otitis media aguda:
Los gérmenes más frecuentemente aislados son el Neumococo, el Haemophilus influenzae y la Moraxella catarrrahalis.

Diagnóstico:
Otitis externa:
La otoscopia (visualización del conducto con una especie de embudo luminoso) muestra un gran edema del conducto auditivo externo que a veces imposibilita la visión del tímpano y hace que la exploración sea dolorosa.

Otitis externa maligna o necrosante:
La otoscopia muestra un acúmulo de tejido de granulación en el conducto auditivo externo y a veces una úlcera. Es importante realizar pruebas complementarias para saber la extensión del proceso como una tomografía, una resonancia mágnetica y una gammagrafía ósea. En la analítica de sangre hay una desviación izquierda y un aumento de la velocidad de sedimentación.
Otomicosis:
En el conducto auditivo externo se encuentran hifas negras, amarillas o una masa algodonosa blanca según el hongo causante de la otomicosis.
Otitis media aguda:
El otoscopio muestra una membrana timpánica abombada y enrojecida y, a veces, supuración purulenta en el conducto auditivo externo si se produjo la perforación timpánica.

Prevención:
Las limpiezas periódicas preventivas y la utilización de bastoncillos de algodón favorecen la aparición de otitis externas.
En los pacientes de riesgo en desarrollar otitis externas difusas es aconsejable administrar gotas de ácido acético al 2% después del baño en piscinas.

Tratamiento:
Otitis externa:
El tratamiento consiste en la protección del conducto auditivo externo que no se puede mojar, la aplicación de calor seco y la administración de antibióticos tópicos específicos para la Pseudomona aeruginosa como el ciprofloxacino o la gentamicina. Los corticoides se utilizan sólo si hay mucho edema en el CAE.
Otitis externa maligna o necrosante:
Su tratamiento de elección es el antibiótico ciprofloxacino a altas dosis por vía oral durante 6-8 semanas. Podemos dar también gotas óticas antipseudomonas. La cirugía se emplea sólo para el desbridamiento y la biopsia de la lesión para su diagnóstico.
Otomicosis:
Se debe limpiar de manera repetida el conducto auditivo externo y aplicar gotas óticas con antifúngicos junto con agentes acidificantes, que dificultan el crecimiento de estos agentes infecciosos. La medicación vía oral se emplea solo en los casos graves. Es importante evitar la humedad en el oído.
Otitis media aguda:
Existen múltiples antibióticos que cubren los gérmenes más frecuentemente aislados pero el de elección por su buena distribución en el oído, amplio espectro y buena tolerancia es la amoxicilina con ácido clavulánico durante un ciclo de 8-10 días, aunque existen otras opciones (cefalosporinas de segunda generación o macrólidos como la azitromicina, que precisan una pauta de solo tres días de tratamiento). El dolor remitirá con la aplicación de calor seco sobre el pabellón auricular afectado (gasas calientes) y la administración de antiinflamatorios no esteroideos.
En los niños es importante ver la evolución en las primeras 48 horas de tratamiento, momento en el que se valorará por el médico, si la evolución no es buena, la punción del tímpano con una aguja fina para evacuar el contenido del oído medio, lo que acelera la curación y permite realizar cultivo y antibiograma del contenido, por si es preciso modificar el tratamiento antibiótico. Esta maniobra, de bajo riesgo, debe hacerse por el especialista para evitar complicaciones.
