Tuberculosis
Descripción:
Es una infección bacteriana crónica causada por Mycobacterium tuberculosis. Generalmente la infección se localiza en los pulmones, pero puede afectar a otros órganos. Las formas pulmonares de la enfermedad representan actualmente el 90% de todas las formas de presentación.
Síntomas:
Cuando el microorganismo entra por primera vez al organismo despierta una reacción aguda que rara vez es advertida y suele acompañarse de pocos o ningún síntoma. A continuación los bacilos son atacados por las defensas del organismo. Si su propagación no se detiene y alcanzan la corriente sanguínea pueden llegar a distribuirse por todo el organismo dando una enfermedad diseminada.
Durante las 2 a 8 semanas siguientes se desarrolla una respuesta inmunológica de hipersensibilidad debido a las características propias del microorganismo. Las células de defensa crean unos granulomas o quistes en torno al bacilo con objeto de aislarlo. Estos pueden seguir multiplicándose en el interior del granuloma durante un tiempo, manteniéndose el individuo asintomático mientras tanto. En la mayoría de las personas sanas se produce la curación. En individuos enfermos, mal alimentados o en edades extremas, puede no detenerse la multiplicación del bacilo y producirse la diseminación. También ésta puede reactivarse años más tarde ante una situación de deterioro del individuo.
¿Qué le preguntará su médico?:
El Mycobacterium tuberculosis, germen que con enorme preferencia es el causante de la enfermedad, se transmite de persona a persona por vía respiratoria a través de las gotitas de líquidos expulsadas al toser, al hablar o al estornudar. Las gotitas se evaporan a poca distancia de la boca y, seguidamente, los bacilos desecados persisten en el aire largo tiempo. La infección de una persona susceptible se produce cuando algunos de estos bacilos son inhalados. Normalmente se necesitan muchos meses de convivencia con un enfermo para que se produzca la transmisión.
La mayoría de los enfermos dejan de ser contagiosos a los quince días de iniciar el tratamiento con quimioterapia apropiada, al disminuir la tos y el número de bacilos expulsados.
Actualmente se considera que más de un tercio de la población mundial, unos 1.800 millones de personas, están infectados por el bacilo de la tuberculosis, de los que 30 millones padecen la enfermedad.
Diagnóstico:
El diagnóstico de la tuberculosis se establece cuando el bacilo tuberculoso es identificado en los líquidos corporales o tejidos del enfermo.
La prueba de la tuberculina mediante la intradermorreacción de Mantoux es el único método aceptado para el diagnóstico de la infección tuberculosa. Consiste en la inyección intradérmica de 1 ml del derivado purificado del antígeno proteico tuberculínico (PPD). Su lectura (diámetro transversal de la induración en milímetros, sin tener en cuenta el eritema) se debe realizar entre los 2 y los 5 días, preferiblemente a las 72 horas. Se considera infección tuberculosa cuando la induración es igual o superior a 5 mm, excepto en los vacunados con BCG que ha de ser mayor de 14 mm.
Cuando se deben realizar estudios seriados de tuberculina en un mismo paciente (PPD anual en los portadores del VIH y otros casos) y en edades avanzadas, debe considerarse la posibilidad de un efecto de refuerzo, es decir, la posibilidad de que se positivice por el estímulo de la respuesta inmunitaria que produce la administración del PPD. Para evitar la confusión con un verdadero viraje tuberculínico (infección reciente), ante un primer PPD se recomienda repetirlo al cabo de una semana. Si se positiviza se trata de un efecto de refuerzo, con lo que evitaremos el diagnóstico erróneo de viraje en el siguiente PPD que practiquemos.
Todo caso de tuberculosis debe ser considerado como de probabilidad mientras no se disponga de cultivo positivo para Mycobacterium tuberculosis, que constituye el diagnóstico de certeza (el cultivo en medio de Löwenstein-Jensen, que da el diagnóstico de certeza de la enfermedad; sin embargo, tarda entre 2 y 8 semanas, por lo que se suele iniciar el tratamiento sin esperar su resultado). En la práctica, dada la demora con que se dispone del cultivo, es suficiente con disponer de una baciloscopia (microscopia directa con tinción de Ziehl-Nielsen) si se acompaña de clínica y/o radiología indicativas. En los niños, dada la dificultad para obtener muestras con bacilos, es suficiente con que junto a los criterios clínicos y radiológicos se disponga de una reacción tuberculínica positiva.
La radiografía puede darnos mucha información.
Prevención:
- Las mycobacterias son sensibles a las radiaciones ultravioletas, de tal forma que la transmisión en la calle, a la luz del día es muy difícil. Una ventilación suficiente es la medida más eficaz para reducir la infecciosidad en el ambiente.
- La vacunación sistemática con el bacilo de Calmette-Guérin (BCG) está actualmente desaconsejada en los países desarrollados.
- La quimioprofilaxis (QP) pretende detener la cadena epidemiológica de la tuberculosis mediante el tratamiento de los sujetos expuestos a contagio (QP primaria) o ya infectados (QP secundaria).
Tratamiento:
- Hoy día, se sigue hospitalizando el 80% de los pacientes; si se realiza un correcto aislamiento domiciliario durante los primeros 15 días de tratamiento, sólo es necesario ingresar los casos más graves o con problemática social.
- El reposo sólo es necesario en los casos con sintomatología general y el paciente puede reincorporarse a su actividad laboral o escolar a partir de los 2 meses.
- Se realiza tratamiento con tres o cuatro tipo de medicamentos y su éxito se encuentra asegurado con su estricto cumplimiento. La duración del tratamiento oscila entre 6 y 9 meses, siendo excepcional la pauta de un año.
Pronóstico:
- Actualmente, gracias a las pautas de tratamiento prolongado con varios antimicrobianos, se consigue la curación del 96% de los pacientes tratados y la letalidad de la enfermedad es inferior al 1% siempre que se complete el tratamiento adecuadamente.
- En niños pequeños y lactantes pueden acarrear mayor morbilidad y mortalidad.
