Hepatitis 

Descripción::

Es una enfermedad caracterizada por la inflamación de las células del hígado (los hepatocitos), de alta frecuencia en la población general.

Nos referiremos básicamente a la hepatitis vírica aguda.

Hepatitis vírica aguda:

Es la principal enfermedad infecciosa del hígado, causada por distintos virus (cinco son los conocidos actualmente). Todas ellas comparten síntomas y tratamientos similares, por lo que se describirán conjuntamente, destacando las características peculiares de cada hepatitis.

Infección por el virus de la hepatitis A

Es un virus con RNA (ácido ribonucléico) en su interior, que se encuentra en las heces de individuos infectados, produciendo nuevos contagios por transmisión fecal-oral que puede suceder de varias formas:

  • Mediante contacto de persona infectada y no infectada, por lavado insuficiente de las manos. Es la forma habitual de transmisión en niños (brotes en colegios, guarderías o familias).
  • Mediante la contaminación del agua y los alimentos con materias fecales que contienen el virus. Ocurre cuando existen malas condiciones higiénico-sanitarias (en países del tercer mundo son frecuentes epidemias de hepatitis de este tipo).

Tras el contagio, el virus tiene un periodo de incubación de un mes, eliminándose durante la incubación y los primeros días de la hepatitis por las heces del enfermo. Tras ello, el organismo reacciona y produce anticuerpos de defensa contra la infección, que comienza a remitir hasta la curación completa.

Infección por el virus de la hepatitis B

Son virus con ácido desoxirribonucléico en su interior, que se encuentran en la sangre y fluidos orgánicos (lagrimas, saliva, semen y flujo vaginal) de las personas infectadas y portadoras del mismo. La transmisión puede ser por vía parenteral (transfusiones, adictos a drogas vía parenteral o por contacto con material contaminado), por vía sexual o contacto íntimo, o por transmisión perinatal (a través de la placenta o en el parto, en hijos de mujeres que padecen hepatitis B en el último trimestre de gestación o que tienen hepatitis B crónica).

Infección por el virus de la hepatitis C

Es un virus con ácido ribonucléico en su interior, de características similares al virus B. Se encuentra principalmente en la sangre de pacientes infectados y, en menor cantidad y con menor capacidad para infectar, en saliva, orina y semen. El principal mecanismo de transmisión es el uso de drogas por vía intravenosa, aunque otros individuos con riesgo son los receptores de transfusiones (fig. 24), las hemodiálisis, la realización de tatuajes, las prácticas sexuales de riesgo, los trabajadores sanitarios y receptores de transplantes. Una cierta parte de la población general, sin ninguno de estos mecanismo evidentes o reconocidos, son portadores crónicos de este virus, sin sufrir síntomas alguno.

Según se va conociendo mejor la historia natural de esta infección, resulta más preocupante este problema sanitario: en estos casos el periodo de incubación es de unos 50 días, la infección se cronifica en un 80% de los casos y de éstos un 20-35% desarrollan cirrosis; además, en la infección crónica por hepatitis C la posibilidad de desarrollar hepatocarcinoma es mayor que en la población general.

Infección por el virus de la hepatitis D

Este virus no tiene capacidad de infección por sí mismo, sino que necesita la presencia del virus de la hepatitis B para producir sus efectos. La enfermedad sólo puede ocurrir por una infección simultánea del virus D junto al virus B (coinfección) o bien como una sobreinfección por virus D en individuos que ya eran portadores crónicos de virus B.

La transmisión es igual que el VHB. Tiene mayor riesgo que la hepatitis B de ser fulminante y de cronificarse.

Infección por el virus de la hepatitis E (VHE)

Virus RNA. Poco frecuente, se transmite vía fecal-oral (igual que VHA). Afecta a jóvenes. El riesgo de hepatitis fulminante es alto en mujeres embarazadas. No se cronifica.

Hepatitis tóxicas

Es la inflamación del hígado producida por agentes tóxicos farmacológicos (medicamentos como el paracetamol, antibióticos, anticonvulsionantes, anestésicos, relajantes musculares y antiinflamatorios entre otros), industriales (tetracloruro de carbono, disolventes, etc) o vegetales (setas venenosas, como la Amanita phaloides). Por su frecuencia, el consumo de alcohol es la causa tóxica más común de daño hepático.

Hepatitis crónica

Es la inflamación crónica del hígado de más de seis meses de duración.

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Síntomas:

Hepatitis aguda:

Las hepatitis pueden producir cuadros muy diversos, según los pacientes:

  • Lo más común, el cuadro típico de hepatitis, consiste en la presencia durante 5-15 días de cansancio, pérdida de apetito, dolores en los músculos y articulaciones y febrícula. Tras ello aparecen signos específicos del daño hepático: ictericia, hepatomegalia y alteración de los análisis (aumento de las transaminasas). Los síntomas desaparecen entre tres y doce semanas.
  • En otras ocasiones es totalmente asintomática, no se produce ictericia y no hay síntomas o las molestias son tan mínimas que ni tan siquiera se consulta por ellas al médico (son frecuentes los individuos con anticuerpos de hepatitis que no recuerdan haber sufrido la enfermedad).
  • Más raramente, una hepatitis puede evolucionar en pocos días de forma grave con complicaciones (ascitis, encefalopatía) o incluso ser fulminante (en horas se produce la muerte, si no se transplanta un hígado sano).

Hepatitis Crónica:

En la mayoría de los casos, las hepatitis crónicas son una enfermedad estable bien tolerada, que no producen síntomas o son mínimos, como malestar general, cansancio y pérdida de apetito.

¿Qué le preguntará su médico?:

Hepatitis:

Tienen dos causas fundamentales, las infecciones, sobre todo por virus (virus de la hepatitis A, B, C, D y E), y la toxicidad inducida por el consumo de medicamentos y alcohol.

Hepatitis Crónica:

Causada por algunos de los agentes agresivos comentados, como:

  • Infección vírica (la más frecuente): virus de la hepatitis B, C y D, siendo el hepatitis crónica C la más frecuente de todas ellas.
  • Alcoholismo crónico, muy común en todo el mundo.
  • Medicamentos: anticonvulsionantes, diuréticos, antibióticos, sales de oro, diltiacem, haloperidol, azatioprina, tamoxifén.
  • Trastorno autoinmune (producción de anticuerpos anormales que atacan las propias células hepáticas).
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Diagnóstico:

Hepatitis A:

La detección en sangre de anticuerpos antihepatitis A (tipo IgG) indica que el paciente tuvo una infección pasada ya curada. Estos anticuerpos permanecen toda la vida y evitan una reinfección por el mismo agente.

Hepatitis B:

Los médicos disponen de unos estudios serológicos muy precisos para determinar la situación exacta de un individuo frente al virus de la hepatitis B: se puede distinguir la infección reciente, la infección antigua curada y estado el estado de portador crónico del virus mediante la determinación en sangre de diferentes antígenos y anticuerpos. Los más importantes son:

  • Antígeno HBs (o antígeno Australia): se eleva en la infección aguda, después disminuye los niveles hasta desaparecer cuando la hepatitis se cura o permanece elevado cuando la hepatitis evoluciona a infección crónica.
  • Anticuerpos anti-HBs: su presencia indica curación y protección de reinfección futura.
  • Antígeno Hbe: si es positivo indica infección aguda.

Hepatitis C:

La prueba utilizada habitualmente para su diagnóstico es la determinación en sangre de anticuerpos anti-virus C. Su presencia indica infección (presencia del virus en el organismo), con o sin enfermedad, no protección frente al agente.

Hepatitis crónica:

Se sospecha por una elevación mantenida de las transaminasas en los análisis. En las de origen autoinmune la presencia de ictericia es frecuente. El diagnóstico definitivo lo permite la biopsia hepática, existiendo dos tipos fundamentales de hepatitis crónica, según las características del daño hepático visualizado al microscopio: hepatitis crónica persistente y hepatitis crónica activa, esta última de peor pronóstico. El peligro de las hepatitis crónicas mantenidas en el tiempo es que pueden acabar produciendo una cirrosis irreversible (ver más adelante).

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Prevención:

Hepatitis A:

Las medidas para prevenir (evitar) esta infección son de tres tipos:

  • Medidas higiénicas: la cloración de las aguas y el tratamiento correcto de los residuos evitan la infección en las grandes comunidades; además, se deben adoptar precauciones especiales con los individuos infectados (los útiles de aseo personal deben usarse en exclusiva por el paciente, sus platos, cubiertos y ropa interior y de cama debe lavarse aparte).
  • Vacunación de las personas que viajen a zonas con alta frecuencia de hepatitis A y de las personas con riesgo de infección (homosexuales, adictos a drogas vía parenteral, trabajadores..)
  • Gammaglobulina: son anticuerpos que previenen la infección en caso de un contacto reciente (menos de 15 días) inevitable con el virus (los convivientes de un caso).

Hepatitis B:

Las medidas de control de la infección por el virus B son las siguientes:

  • Medidas higiénicas generales que eviten el contacto de nuevas personas con el virus, como no compartir útiles de aseo personal con un individuo infectado, usar preservativo, no compartir jeringuillas y utilizarlas desechables, en los adictos a drogas vía parenteral.
  • Vacuna: actualmente está incluida en el calendario vacunal sistemático en España y en otros muchos países, mediante la administración de tres dosis consecutivas (0-1-6 meses). Es recomendable realizarla en adolescentes no vacunados al nacer, por el riesgo de transmisión sexual.
  • Inmunoglobulinas: los anticuerpos protectores se usan en individuos no vacunados que han tenido un contacto reciente con el virus y en los recién nacidos de madres portadoras de virus B, en las primeras 12 horas tras el nacimiento.
  • Precauciones sanitarias que deben adoptar los portadores crónicos del virus de la hepatitis B
  • Evitar compartir útiles de aseo personal (cepillos de dientes, maquinillas de afeitar)
  • Usar preservativo en toda las relaciones sexuales
  • No compartir jeringuillas, los adictos a drogas por vía inyectable
  • Si necesita cirugía o manipulaciones en las que haya contacto con sangre u otros fluidos (dentista, ginecólogo, etc), debe advertirse al profesional sanitario que realice el procedimiento
  • La pareja sexual y los convivientes íntimos deben vacunarse completamente contra la hepatitis B

Hepatitis C:

Hoy en día la transmisión por transfusión es imposible por los controles que se realiza a todos los donantes. Al no existir vacuna contra la enfermedad, las medidas para prevenir la transmisión son no compartir jeringuillas, sexo seguro y evitar contactos con útiles contaminados, como se comentó más arriba para la hepatitis B.

Hepatitis D:

Se previene con la vacuna contra la hepatitis B.

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Tratamiento:

No existe un tratamiento específico para la hepatitis, hay que esperar la curación espontánea del proceso siguiendo una recomendaciones higénico-dietéticas que la faciliten, como las siguientes:

  • Seguir una dieta equilibrada pero libre, evitando sólo aquellos alimentos que no se toleren bien (en general los ricos en grasas). Abstención completa de alcohol, por su papel tóxico sobre el hígado.
  • Guardar un reposo moderado, en la medida que los síntomas lo exijan. No está justificado permanecer en cama de forma prolongada.
  • Medidas higiénicas para evitar el contagio, diferentes según el tipo de hepatitis, aunque normalmente el periodo de mayor contagio ya ha pasado cuando se diagnostica la enfermedad (se comentarán más adelante).
  • No está demostrado el beneficio de ningún medicamento “protector” del hígado, hoy totalmente en desuso.

Hepatitis crónica:

El tratamiento de la hepatitis crónica depende de su causa: si es un medicamento el causante de la hepatitis, con su eliminación la hepatitis puede curarse; si es de origen víral se utiliza de forma prolongada un medicamento (el interferón-a) que consigue disminuir la progresión a cirrosis; si es de tipo autoinmune se usan medicamentos que detienen el proceso anormal (corticoides junto a inmunosupresores), lo que permite un mejor pronóstico que en las víricas.

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Pronóstico:

Hepatitis A:

Es una infección benigna que no se cronifica nunca.

Hepatitis B:

El enfermo de hepatitis B aguda puede seguir tres caminos de muy distinto pronóstico:

  • Curación del paciente: lo más frecuente afortunadamente
  • Infección crónica por el virus B: ocurre entre un 5 y 10% de los casos, de los cuáles un 10-30% desarrollarán cirrosis y el resto serán portadores “sanos” cuyo riesgo principal es la capacidad de transmisión del virus a sus contactos. Los portadores del VHB se suelen diagnosticar al encontrar en los análisis un antígeno HBs persistente en el tiempo, junto a un aumentos discretos de las transaminasas. Cuando tras una infección aguda este antígeno se sigue detectando en los análisis pasados 6 meses, la evolución hacia la cronicidad es muy probable.
  • Hepatitis aguda fulminante con muerte del paciente ocurre muy raramente.

Hepatitis Tóxica:

Pueden producir un cuadro de hepatitis aguda igual que las víricas, un cuadro de colestasis o sólo una esteatosis, que en general van hacia la curación total cuando se suspende el medicamento o el tóxico. Algunas de ellas, sin embargo, producen un fallo hepático fulminante e irreversible, como ciertas setas.

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